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LA LEY y CRISTO

jueves, 29 de octubre del 2009 a las 12:19


Estudio preparado por Jorge Himitian

Introducción

Se hace necesario abordar este tema pues en nuestro días, vuelve a resurgir una fuerte corriente judaizante en algunas partes del mundo, principalmente en los Estados Unidos, y que se está difundiendo por Internet a nuestros países latinoamericanos.

Esto no es algo nuevo, desde los días del Nuevo Testamento, vez tras vez vuelven a rebrotar en la historia de la iglesia movimientos que enfatizan que es necesario observar toda la ley, guardar el sábado, abstenerse de los alimentos que el Antiguo Testamento prohíbe, etc. Más o menos esa es la postura de los “Adventistas del Séptimo Día”. En los últimos años algunos sectores evangélicos también están enfatizando que los judíos, a pesar de no creer en Cristo, son el pueblo de Dios. Otros también afirman que los judíos que se convierten a Cristo deben seguir practicando la circuncisión, etc.

(1) Quisiera iniciar esta exposición respondiendo a la siguiente pregunta: “¿Quién es para los cristianos la autoridad suprema en materia de fe?.

Reconocemos y declaramos que la única autoridad de la iglesia es Jesucristo. La revelación de Dios en la historia humana ha sido gradual y parcial en el Antiguo Testamento, y esa revelación alcanzó su plenitud en el Nuevo Testamento. Creemos que Jesucristo es la revelación plena de Dios para todos los hombres de todos los siglos, y que esa revelación fue dada por el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas del primer siglo (Efes.3.2-7). El Nuevo Testamento es el registro fidedigno y divinamente inspirado de esa revelación. Lo que los apóstoles del primer siglo escribieron es el fundamento inmutable de nuestra fe. La iglesia está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo su piedra angular. (Ef.2.20).

(2) Hay muchas ordenanzas en el Antiguo Testamento que según los apóstoles son sombras, figuras y símbolos de la realidad que vendría después. Y esa realidad llegó, es Cristo. Nuestra interpretación del Antiguo Testamento es la interpretación que ellos tuvieron y nos transmitieron. No podemos agregar o quitar a lo establecido por los apóstoles. Según ellos, hay mandamientos, enseñanzas y prácticas del Antiguo Testamento, que hoy ya no están vigentes, como el sacrificar corderos, construir un tabernáculo, vestir a los sacerdotes con vestiduras especiales, etc. La lista sería muy grande. De acuerdo al Nuevo Testamento, muchas de esas cosas tienen un rico y valiosísimo simbolismo espiritual, pero no necesitamos practicarlas hoy literalmente sino espiritualmente. El N.T. señala con bastante claridad cuáles son los mandamientos del A.T. que hoy no están vigentes y cuáles siguen vigentes.

(3) Felizmente los temas que vuelven a ser planteados, ya habían sido temas de controversia y discusión en la iglesia del primer siglo, y los apóstoles los resolvieron con suma claridad bajo la inspiración del Espíritu Santo. Así lo entendió la iglesia de todos los siglos. Hoy no necesitamos discutir nada, ni innovar, solo nos toca leer y acatar lo que los apóstoles, inspirados por Dios, establecieron sobre todos estos temas.

(4) La parte moral de la ley, aquello que revela lo que es pecado y cuál es la conducta santa que Dios quiere de todos los hombres, está expresado claramente en el Nuevo Testamento como “didaké ”. “Didaké” es una palabra griega que está traducida por “doctrina” o “enseñanza”. Es la suma de todos los mandamientos de Jesucristo y de los apóstoles que revelan la voluntad de Dios para nosotros y que debemos obedecer fielmente.

(5) Como advertencia, agrego un dato que es importante tenerlo en cuenta. Hoy en día hay grupos judaizantes que han llegado hasta el extremo de afirmar que el apóstol Pablo se desvió totalmente de la verdad, y que él es el “inventor” del cristianismo actual. Estos afirman que el Mesías Jesús había venido para reafirmar el judaísmo íntegramente y establecerlo en todo el mundo como el verdadero camino a Dios; que Pablo reinterpretó a Cristo y su mensaje creando así una nueva religión que es el cristianismo. ¡Es impresionante a qué extremos heréticos se puede llegar por este camino!

Vayamos al punto central de este tema, haciéndonos las siguientes preguntas:


1ra. Pregunta: ¿QUÉ DICE EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE LA LEY?

Romanos 7.7-14

1. Que ley es santa, porque revela la santa voluntad de Dios para los hombres. El mandamiento es santo, justo y bueno. (v.12)

2. Que llegamos a conocer el pecado por la ley. (v.7)

3. Que sin la ley el pecado estaba muerto. Al llegar el mandamiento el pecado revivió en nosotros y nos mató. (v.9). Que el mismo mandamiento que era para vida, a nosotros nos resultó para muerte (v.10-11)

4. El propósito del mandamiento, mediante la muerte que el pecado produjo en nosotros, era revelar la extrema maldad y gravedad del pecado (v.13)

5. Que por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Que todo el mundo está bajo el juicio de Dios.(Rom.3.19-20)

Gálatas 3.10-29

1. “La ley no es de fe sino dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas” (v.12). Nadie las pudo cumplir todas. Aún más, la ley declara: “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley” (v.10). De modo que por la ley estamos todos bajo maldición.

2. La ley fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que llegase la simiente de la promesa (v.19)

3. La ley no es contraria a la promesa pero no puede dar vida a nadie (v.21)

4. Antes de la fe estábamos encerrados bajo la ley (v.23)

5. La ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo (v.24)

6. Venida la fe, ya no estamos bajo el ayo (v.25)

7. Ahora por la fe somos hijos de Dios, somos uno en Cristo, linaje de Abraham y herederos de la promesa. (v.26-29)


2da. Pregunta: SEGÚN EL NUEVO TESTAMENTO, ¿CUÁL ES NUESTRA RELACIÓN ACTUAL CON LA LEY?

1. Ya no estamos “bajo la ley sino bajo la gracia”. (Rom. 6.14-15)

2. “Ahora estamos libres de la ley por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Rom.7.6)

En los versículos anteriores del capítulo 7 (1-5), Pablo usa una alegoría concluyente y definitoria. Es la alegoría del matrimonio, en la que los cónyuges están unidos hasta que la muerte los separe. Si uno de los dos cónyuges muriera, el otro cónyuge queda libre y puede casarse con otra persona. En esta alegoría, la ley es el marido y la mujer somos nosotros. El apóstol del Señor en forma concluyente, en el versículo 4 declara: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios”. Por eso afirma: “... ahora estamos libres de la ley por haber muerto...”

En Gálatas 2.19-20, vuelve a afirmar lo mismo: “Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí...”

La justa y santa ley de Dios exigía de nosotros muerte; esa exigencia fue plenamente cumplida en la muerte de Cristo. Cristo nos incluyó en su muerte. La ley no tiene nada que exigir de nosotros. Su demanda fue satisfecha. Ahora somos de otro, de Cristo nuestro Señor. Estamos bajo su autoridad. Y él vive en nosotros por su Espíritu Santo. Lo que era imposible por la ley, por la debilidad de nuestra carne, ahora es posible por el Espíritu. En Cristo, y por el poder de su Espíritu en nosotros, no solo somos justificados sino también santificados.

Tal como lo dice Pablo en Gál.3.24-25: “La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo”, es decir, bajo la ley.

Pablo está perplejo e indignado con los gálatas. ¿Por qué? Justamente porque los judaizantes los habían convencido de que debían guardar la ley. Las expresiones de Pablo son muy duras contra toda este error que se había metido en las iglesias de Galacia. Y con autoridad apostólica, y en el nombre del Señor, les reprende con mucha firmeza y amor, a fin de salvarlos de la herejía de volver a someterse a la ley.

Sería bueno que leyéramos toda la epístola, pero veamos a lo menos algunos párrafos más:

Gálaltas 1.6-9
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.”

Gál. 3.1-5
“¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?”

Gál. 4.8-11
“Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Gál. 4.19-20
“Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.”

Gál. 5.1-11
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz.”

Gál. 6.12-15
“Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.”

Dos son las prácticas concretas que Pablo menciona en esta epístola:
· la circuncisión
· el guardar ciertos días especiales (4.9).

3ra. Pregunta: ¿QUÉ NOS ENSEÑA EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE LA CIRCUNCISIÓN?

Algunos judaizantes hoy afirman que los gentiles que se conviertan a Cristo no necesitan ser circuncidados, pero que los judíos deben observar tanto la circuncisión física como la espiritual.

Primero quiero señalar que esta doble categoría no existe en el Antiguo Testamento. Según la ley todo extranjero que quisiera pertenecer al pueblo de Dios también debía ser circuncidado.

Éxodo 12.48-49
“Mas si algún extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la pascua para Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural, y para el extranjero que habitare entre vosotros.”

Además de los versículos que ya vimos en Gálatas. ¿Qué nos enseña todo el Nuevo Testamento sobre esto?

Romanos 2.25-29
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.”

1 Corintios 7.17-20
“Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga; esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguno siendo circunciso? Quédese circunciso. ¿Fue llamado alguno siendo incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios. Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.”

Colosenses 2.11-12
“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.”

Después de semejantes declaraciones apostólicas, es mucha osadía y atrevimiento, y es oponerse a la revelación de Dios afirmar que es necesario que los cristianos judíos se circunciden. Lógico que el judío circuncidado que se convierta no puede hacer nada para “descircuncidarse”, ni necesita hacer nada, porque, como lo afirma Pablo, “la circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es”.

Pablo circuncidó a Timoteo por estrategia, no porque delante de Dios debería hacerlo. El texto, en Hech. 16.3, dice claramente que “le circuncidó por causa de los judíos”. Del mismo modo, si hoy algún judío se circuncidara por estrategia, a fin de alcanzar más fácilmente con el evangelio a otros judíos, no habría ningún problema, pero no porque enseñemos que es un deber hacerlo.


4ta. Pregunta: ¿QUÉ DICE EL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE GUARDAR EL SÁBADO?

1. ¡NADA! Absolutamente nada. Ni Jesús ni los apóstoles jamás enseñaron de un modo explícito que debemos guardar el sábado.

  • Hemos ya señalado que la parte moral de la ley, en el Nuevo Testamento está expresado en la “didaké” (doctrina, enseñanza) de Cristo y de los apóstoles. Es curioso que todos los otros nueve mandamientos están explícitamente mencionados por Cristo o por los apóstoles pero nunca ninguno de ellos hizo alguna mención directa sobre la necesidad de guardar el sábado o algún día especial.
  • En el sermón del monte (Mateo 5, 6 y 7) Jesús hizo referencia al mandamiento de no matar, no adulterar, no decir falso testimonio, amar al prójimo, etc., pero no hizo ninguna mención acerca del sábado. Al joven rico, le mencionó varios de los 10 mandamientos, pero no le dijo nada sobre el sábado.
  • Cuando le preguntaron cuál es el mandamiento más grande, los resumió en dos: Amar a Dios con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo.
  • Cuando ordenó a los doce a ir por todo el mundo y hacer discípulos a todas las naciones, no les dijo que enseñen a guardar todos los mandamientos de la ley sino todo lo que él les había enseñado a ellos.

2. Jesús no pareció darle tanta importancia a la cuestión del sábado. De hecho, ante la crítica de los judíos porque sus discípulos recogieron espigas de trigo el sábado, Jesús los defendió, y dijo: “El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado” (Marcos 2.23-28).

3. Jesús sanaba en el día de reposo. Curó al hombre de la mano seca (Mar. 3.1-6). Liberó a una mujer de un espíritu de enfermedad (Luc.13.10-17). Sanó a un hombre hidrópico (Luc.14.1-6). Sanó al paralítico del estanque de Betesda, y ante el fuerte cuestionamiento de los judíos les respondió: “Mi padre hasta ahora trabaja y yo trabajo” (Juan 5.5-18). Sanó al ciego de nacimiento (Juan 9).

4. En la doctrina (didaké) de los apóstoles no existe ni una sola indicación de que debemos guardar el sábado. Efesios capítulos 4, 5 y 6, Colosenses 3 y 4, Romanos 12, 13 y 14, tenemos casi la totalidad de la didaké, pero no hay ni una sola mención positiva de que debemos guardar el sábado. Ni en la epístola de Santiago, ni en las de Pedro, ni en las Juan. No hay en todas ellas la más mínima mención. ¿Por qué?

5. En las epístolas de Pablo hay tres menciones acerca del sábado o de guardar algún día. Pero en vez de decir que debemos guardar el sábado dice algo muy diferente:

  • A los gálatas les reprocha por guardar los días, los meses, los tiempos y los años. Por eso les dice que teme haber trabajo en vano con ellos. (Gál.4.9-11).
  • En Colos. 2.16-17, dice: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.” Aquí Pablo declara dos cosas: Primero, que comida, bebida, días de fiestas e inclusive los sábados, son la sombra de lo la realidad, esa realidad es Cristo. Una vez llegada la realidad no necesitamos aferrarnos más a la sombra. Al menos eso es lo que enseña el Nuevo Testamento (Hebr. 8.5 y 10.1). Segundo, que nadie nos debe juzgarnos por no guardar estas cosas.
  • La tercera mención de Pablo está en Romanos 14. 1-6, y esto debe ser aceptado por todos como algo definitivo, después de las afirmaciones que hace Pablo aquí, no cabe ningún tipo de discusión. (Aunque como dice el refrán, no hay peor ciego que el que no quiere ver).
    “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
    Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios”.
    Obviamente, si Pablo hubiera entendido que es obligación guardar el día sábado, nunca habría escrito lo que escribió, me imagino que al menos habría aclarado el tema del sábado de alguna forma. Según estas palabras de Pablo, si alguno juzga que debe guardar el sábado está en libertad de hacerlo, si otro quiere guardar o descansar otro día también está en libertad de hacerlo. Si un tercero juzga que todos los días son iguales, está todo bien. Lo único que no está permitido es juzgar al que piensa y actúa diferente. Menos hacer de estos temas asuntos de discusión. La conclusión es que para Pablo este es un tema secundario y relativo, y cada uno tiene libertad de actuar según esté convencido.

6. Es importante expresar claramente que en el Nuevo Testamento tampoco existe ningún mandamiento o enseñanza en la que se diga que el domingo reemplaza al sábado. Muchos, por su herencia católica o evangélica han querido encontrar alguna base bíblica para tal cambio, pero no existe ninguna base o palabra apostólica al respecto. Es cierto que Jesús resucitó el primer día de la semana (domingo). También es cierto que se apareció dos veces a sus discípulos en días domingos (Juan 20.19 y 26). El día de Pentecostés, cuando vino el Espíritu Santo, también fue un domingo (Cincuenta días después de la Pascua, que era un sábado). En Jerusalén, los discípulos del Señor se reunían todos los días (Hech. 2.46 y 47), En Hechos 20.7, se menciona que en Troas los discípulos estaban reunidos el primer día de la semana a partir el pan (Hech.20.7). Pablo recomienda a los corintios que aparten las ofrendas los domingos (1 Cor.16.1-2). Sin embargo, ninguna de estas cosas tienen la fuerza de un mandamiento. Es más bien una sana costumbre que se fue poco a poco estableciéndose en las comunidades cristianas de reunirse el primer día de la semana para celebrar la resurrección del Señor. Es nuestra convicción que nosotros debemos celebrar todos los días la victoria y la resurrección del Señor. Debemos vivir en permanente oración, alabanza y adoración al Señor.

7. A pesar de todo lo dicho, y teniendo en cuenta las palabras de Jesús de que el sábado es por causa del hombre y no el hombre por causa del sábado, Dios nuestro Creador para nuestro bien estableció que trabajemos seis días y descansemos uno. Sin darle a esto un carácter de legalismo, con la libertad que ahora tenemos en Cristo, haremos muy bien en obedecer a este mandato creacional de Dios, y trabajar seis días y descansar uno de nuestras tareas cotidianas. Esto es bueno y necesario para nuestra salud y bienestar físico, emocional, mental, familiar y espiritual. Mucho del stress y del agotamiento que se sufre hoy en día se debe al hecho de que no descansamos un día por semana como lo estableció nuestro Dios. En nuestra sociedad occidental y “cristiana” culturalmente está establecido el domingo como día de descanso. Por lo tanto, la mayoría de nosotros paramos el día domingo. Pero esto no lo pueden hacer todos. Hoy existen oficios que deben trabajar todos los días. Lo importante es que todos descansemos un día en la semana.
Si viviéramos en un país judío no tendríamos ningún problema en descansar el sábado. Y si estuviéramos en un país musulmán nos tocaría descansar el viernes. Los pastores, generalmente el día que más trabajamos son los domingos. Reitero, lo importante es trabajar seis días y descansar uno. Si la gran mayoría descansamos el mismo día es mejor, pues eso nos da la ocasión de reunirnos para alabar con más libertad al Señor y escuchar su Palabra.


5ta. Pregunta: ¿QUÉ DICE LA ENSEÑANZA APOSTÓLICA ACERCA LOS ALIMENTOS PROHIBIDOS EN EL A.T.?

En Levítico 11 y en Deuteronomio 14.3-21, está la lista de los animales que se pueden comer y los que no se pueden comer. ¿Siguen esas prohibiciones vigentes en el Nuevo Testamento? Veamos lo que dice la enseñanza apostólica al respecto.

1. En 1 Corintios cap. 10, Pablo dice “no” a la codicia; “no” a la idolatría; “no” a la fornicación; “no”al tentar al Señor; “no” a la murmuración (vv.6-12). Pero en cuanto a lo que se puede comer el dice (vv.23-33)

“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud. La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues ¿por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia de otro? Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.”

2. Ya hemos visto el pasaje de Romanos 14, en la que Pablo señala que cada cual tenga libertad para comer o no comer según su conciencia. Pero agrego otro pasaje del mismo capítulo.

Rom. 14.14-21:
“Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, pues, vituperado vuestro bien; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.”

En estos dos pasajes tenemos una clara respuesta a nuestra última pregunta. En ambos hay tres puntos principales:
1. Nada es inmundo en sí. Todas las cosas son limpias. Por lo tanto ya no hay una lista de animales limpios y otra de animales impuros. Podemos comer de todo lo que se vende en la carnicería.

2. Todo me es lícito pero no todo conviene. Debo ver si tal o cual animal o carne es conveniente desde el punto de vista de la salud.

3. Al comer debo tener en cuenta la conciencia de los demás. Por amor debemos evitar ser tropiezo a los más débiles.

Otra vez nos preguntamos ¿Por qué ni Cristo ni los apóstoles jamás dieron ninguna instrucción en el sentido de que no debemos comer ciertos alimentos. Por el contrario Pablo le dice a Timoteo algo muy serio y fuerte:

1 Tim.4.1-6:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado. Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido.”

CONCLUSIÓN

Teniendo en el Nuevo Testamento una enseñanza tan clara sobre todos estos temas, dados por los apóstoles del Señor, haremos bien en leerlos, estudiarlos y obedecerlos. No nos toca a nosotros reinterpretar el Antiguo Testamento, esa función ya lo hicieron ellos y establecieron el fundamento de la iglesia para todos los siglos. Amén.

Nuestra Potencia proviene del Señor

jueves, 29 de octubre del 2009 a las 12:15
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Juan Carlos Rebrej

 Este es el bosquejo de la prédica del sábado a la noche de la Conferencia de Jóvenes y Adolescentes 2003 :: ON-LINE::, en Quilmes, Argentina.

La prédica se refiere a la importancia del poder del Espíritu Santo obrando libremente en nuestras vidas..

 

Hechos 1 y 2:1-4 – S. Juan 15:26-27 y 16:12-15

Necesitamos ser investidos del poder de Dios. Lo dijo el Señor Jesús a sus discípulos, para tener la facultad de ser testigos de Él. Tengamos presente esta palabra: TESTIGOS

Ahora, el primer paso es recibir a Cristo en nuestro corazón, Él nos perdona, nacemos de nuevo, las cosas viejas pasaron.....,y allí somos sellados por Su E. Santo. Nos convertimos en hijos de Dios y por Su E. Santo somos incorporados al Cuerpo de Cristo que es la iglesia. Esto lo aseveran las Sagradas Escrituras y lo creemos con firmeza.

Este es un bautismo de Gracia que nos justifica y nos regenera comenzando el proceso de santificación en nuestros corazones. SOMOS una nueva creación y pasamos a ser Templo del E. Santo, morada del Dios vivo, por Su E. Santo.

La vida allí recién comienza. Todo está preparado y listo para que Dios comience a llenarnos con Su E. Santo para que tengamos la capacidad, es decir el poder, de ser TESTIGOS de Cristo, en todo lugar y en todo tiempo. Es el E. Sto. quien viene a través de Cristo y procede del Padre.

Es el Esp. Santo quien tiene el ministerio especial de impartir poder de lo alto . Es el poder de Dios, es el poder del E. Santo. NO ES ALGO ABSTRACTO, una influencia, algo impersonal, un poder cualquiera, sino es la misma persona del Esp. Santo, la tercera persona de la Trinidad, quien desciende, a través del CAMINO que es Cristo, SOBRE nosotros, nos llena y nos revela más y más de Cristo . Nos imparte la vida de Cristo, lo cual a su vez nos capacita para ser TESTIGOS. Necesitamos SER LLENOS DEL Espíritu Santo. ¿AMÉN?

Ahora, debemos tener bien claro que esta llenura es nada más y nada menos la PLENITUD DE LA VIDA DE CRISTO. Por eso es poder para transformar, salvar, cambiar, etc. Por eso es algo continuo. Pablo les dice a los Efesios: SED LLENOS. Es decir, es algo sin pausa y sin final. Es cada día. Comenzó en Pentecostés y sigue hasta que Cristo venga a buscar a Su iglesia.

Esta llenura, o investidura de poder de Dios no es para hacer grandes cosas, ni para ser vistos sino para SER. Es decir ese poder viene a nosotros a través de Cristo y por Su Espíritu para que Cristo sea visto en nosotros.

Es un cambio de persona. No es para hacer sino para SER. Es un cambio profundo que Dios comienza a operar en nosotros para que seamos TESTIGOS, es decir dar Testimonio de Cristo. Su VIDA en NOSOTROS se tiene que ver y entonces lo que hagamos será una consecuencia de lo que somos.

Esto quiere decir que el Poder que nos otorga el Señor es la misma plenitud de la Vida de Cristo. Por eso es un proceso diario y sin tregua. No podemos tomarnos licencias para pecar ni para hacer lo que se nos da la gana, sino que el que comienza a gobernar es Él.

El Poder del E. Santo es el poder de un carácter santo. Lo que hacemos y decimos nace de un corazón transformado y lleno de Cristo. Lo que decimos y hacemos está en total concordancia con lo que somos.

Qué cambio produjo en Pedro el día de Pentecostés!! Días antes de este acontecimiento Pedro era un cobarde. Se sintió intimidado por una criada y negó al Señor. Luego de Pentecostés se puso de pie y declaró a los cuatro vientos y frente a los que crucificaron al Señor, que Jesús era el Cristo y cada día exponía su vida a la muerte por causa del evangelio. QUÉ CAMBIO, QUÉ PODER!!

Hemos dicho que es un proceso diario. Debemos beber continuamente del E. Santo ya que cada día hay más de Cristo para todos aquellos que anhelamos más de Él. Necesitamos vivir la vida de Cristo con autoridad, ser hijos de Dios de verdad y LUZ del mundo y Sal de la tierra.

A ver si podemos explicarnos mejor.

Nuestra relación con el Señor es un proceso continuo que siempre va a más , va creciendo.

Cuando recibimos a Cristo somos sellados, dice la Biblia con el Esp. Santo de la promesa que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida para alabanza de Su gloria.

En este pasaje de las Escrituras hay una palabra fundamental que nos aclarará seguramente todo: ARRAS.

Este es un término que se utiliza en la compra y venta de propiedades, es una seña o garantía de una suma mayor. Es a cuenta de un importe mayor.

Es decir , el Esp. Santo nos confirma como hijos de Dios y garantiza que hay más de Dios para recibir.

Al sellarnos con su Esp. Santo, el Señor nos da algo de Él mismo, a cuenta del total, que es SU PLENITUD. Él nos garantiza que no nos abandonará y que seguirá obrando en nosotros hasta terminar la obra de transformación y podremos vivir de tal forma que seremos luz del mundo y Sal de la tierra.

El prometió derramarse SOBRE nosotros con el poder el Esp. Santo. "Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Esp. Santo."

Él está con nosotros para convencernos de pecado; en nosotros para dar testimonio que somos sus hijos, para mostrarnos el carácter santo de Dios, amoroso, misericordioso, nos lleva a la verdad a través de Su Palabra y nos encamina en el proceso de santificación a fin de mostrar el FRUTO del Esp. Sto., y así, provocar sed de Dios en nuestros corazones " Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así mi alma tiene sed del Dios vivo."

Por eso no debemos contristarlo, afligirlo o apagarlo, sino encenderlo más y más buscando de Dios, ponerle combustible, leña, avivar el fuego que tenemos por Su Espíritu, PONER de nuestra parte, buscar en Su Palabra, congregarnos, amarnos entrañablemente y de corazón puro, ALEJARNOS del PECADO, AMAR Su PALABRA, prepararnos, Etc.

Jóvenes, las Casas Bíblicas están para ayudarnos a avivar ese fuego, prepararnos para servirle y prepararnos para que venga SOBRE nosotros Su Poder por medio del E. S.

Noten que ya no es con ni en nosotros, sino sobre nosotros. Esto quiere decir que viene para gobernar nuestra vida y nos capacita con Poder para mostrar a CRISTO, para ser LUZ del mundo y Sal de la tierra , para ser, en una palabra, TESTIGOS de Cristo.

Sansón tenía el poder de Dios sobre él y quiso gobernarse solo. Hacer lo que le parecía y ni cuenta se dio que la presencia de Dios ya no estaba con él. Cuántas veces hacemos cosas que desagradan a Dios, pecamos, y pretendemos hacer Su Obra y ser llenos de Su poder. Es imposible.

Es tiempo de santificarnos, buscar intensamente a Dios, consagrar nuestras vidas al Señor, apartarnos para Él, porque Dios quiere hacer maravillas en cada uno de nosotros.

Necesitamos que el E. Santo implante profundamente en nosotros la vida de Cristo en plenitud. Para ésto viene sobre nosotros para darnos más de Cristo y esa vida de Cristo comience a manifestarse en gloria, honra y alabanza a Dios a causa de Su Poder operando en y sobre nosotros.

El Señor Jesús dijo: Yo enviaré al Espíritu Santo quien tomará de lo mío y os lo hará saber y él me glorificará.

ESTE ES EL PODER que necesitamos. LA VIDA DE CRISTO. Él mismo en nosotros a través del E. Santo. Donde está Él hay vida, hay Poder, y el que esté muerto, vivirá y hará las obras que el Padre quiere que haga.

El Espíritu Santo viene a poner la vida de Cristo sobre nosotros para gobernar y así vivamos en Su voluntad.

El poder del Esp. Santo es un bautismo de amor que nos capacita también para sufrir y llevar adelante Su Obra.

REPITO: "recibiréis poder cuando venga sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, Judea.......", La palabra testigo en el griego es martys, que quiere decir mártir, uno que sella su testimonio con su sangre. Es decir el que sufre o muere antes de negar su fe. Así lo hicieron los primeros cristianos. Estaban capacitados para todo. El poder del E. Santo había venido sobre ellos y en medio de los tormentos más terribles cantaban alabanzas a Dios.

Es un bautismo de amor: Lo vemos en los hechos de los apóstoles, la gente estaba impactada no por los milagros y señales sino por la vida de ellos. Cristo era una realidad en sus corazones y vivían para Él.

Nadie decía ser suyo todo aquello que poseía. Eran todos de un alma y un corazón y cuando eran perseguidos, torturados, encarcelados por la fe, volvían gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer a causa del Nombre de Cristo. Es un bautismo de poder!!!! Vivían alejados del pecado, se amaban y daban gloria a Dios!!!!

El poder de Dios en nosotros, ese bautismo de poder por el E. Santo, es nada más ni nada menos que la vida de Cristo. No es las manifestaciones de señales y milagros. Esto es la consecuencia de aquéllo. Es la vida de Cristo que es poder de Dios para salvación.

Él sostiene el universo, es por Él que todas las cosas subsisten, es por Cristo que la muerte y Satanás han sido vencidos para siempre y no tienen poder sobre los hijos de Dios.

Él es el Gran Yo Soy, el Todopoderoso, el que era, es y será, el principio y el fin, el Alfa y la Omega, el mismo Hoy, Ayer y por los Siglos.

Ese bautismo de poder es la vida de Cristo manifestándose en nosotros en la medida que le dejemos gobernar y dirigir nuestra vida.

Dios quiere llenarte a vos y a mí. Dice el evangelio de Lucas " a los hambrientos colmó de bienes y a los ricos envió vacíos." No habla de dinero o hambre en lo físico. Sino de tener necesidad de Él.

Tenemos que reconocer que le necesitamos. Necesitamos despertar ese hambre de Dios, esa sed de Su Persona y Su presencia. Para eso debemos vaciarnos de todo lo nuestro. DIOS NO LLENARÁ UN RECIPIENTE QUE YA ESTÁ LLENO.

Si somos de él, necesitamos que su E. Santo venga SOBRE nosotros con PODER.

Concluyamos pidiendo al Señor que nos llene de El, haciendo nuestra la letra de esta canción:

"Como el ciervo busca por las aguas, así clama mi alma por tí Señor.

Día y noche yo tengo sed de Ti, y sólo a Ti buscaré.

Lléname, lléname Señor, dame más, más de tu amor.

Yo tengo sed, sólo de Ti, lléname Señor."

"¿Una vez salvo, soy siempre salvo?"

martes, 27 de octubre del 2009 a las 14:22
guardado en



Respuesta: ¿Una vez que una persona es salva, es siempre salva? Cuando alguien llega a conocer a Cristo como su Salvador, es introducido en una relación con Dios que garantiza una salvación eternamente segura. Numerosos pasajes de la Escritura declaran este hecho.

(a) Romanos 8:30 declara, "Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó Este versículo nos dice que desde el momento en que Dios nos escogió, es como si fuéramos glorificados, porque Dios ya lo tiene propuesto en el cielo. No hay nada que impida al creyente ser glorificado un día, porque Dios ya lo ha propuesto en el cielo. Una vez que una persona es justificada, su salvación está garantizada  está tan seguro como si ya estuviera glorificado en el cielo.

(b) En Romanos 8:33-34, Pablo hace dos preguntas cruciales, "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros  ¿Quién va a presentar cargos contra los elegidos de Dios? Nadie, porque Cristo es nuestro abogado. ¿Quién va a condenarnos? Nadie, porque Cristo, Aquel que murió por nosotros, es el que condena. Tenemos como nuestro Salvador al abogado y al juez.

(c) Los creyentes son nacidos de nuevo (regenerados) cuando creen (Juan 3:3; Tito 3:5). Porque un cristiano tendría que ser un empedernido para que pierda su salvación. La Biblia no da evidencia de que el nuevo nacimiento pueda ser quitado.

(d) El Espíritu Santo mora en todos los creyentes (Juan 14:17; Romanos 8:9) y bautiza a los creyentes en el cuerpo de Cristo (1ª Corintios 12:13). Para que un creyente se vuelva no salvo, el Espíritu Santo "no tendría que estar morando en él, y tendría que estar desligado del Cuerpo de Cristo.

(e) Juan 3:15 declara que todo el que cree en Jesucristo "tiene vida eterna  Si usted cree en Cristo hoy y tiene vida eterna, pero la pierde mañana, entonces no ésta del todo, nunca fue "eterna Por lo tanto, si pierde su salvación, las promesas de la vida eterna de la Biblia serían un error.

(f) Pienso que el argumento más decisivo, se encuentra en la Escritura misma "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38-39). Recuerde que el mismo Dios que le salvó, es el mismo Dios que lo va a guardar. Una vez que somos salvos, somos siempre salvos. ¡En definitiva, nuestra salvación es eternamente segura!

La Salvación es Eterna.Si una vez es salvo esta salvación es eterna.
Si fuera posible perderla entonces dejaria de ser eterna. Dios nunca quita lo que dio.Nadie puede quitarnos de las manos de Dios.Estamos definitivamente en sus manos. El hombre no puede decidir perder su salvación por mas que lo intente o peque.Jesus murió por todos los pecados que cometimos desde el nacimiento hasta la muerte. No esta muriendo y resucitando cada vez que hay un pecado en la vida.Somo hijos de Dios definitivamente.

El argumento más decisivo, se encuentra en la Escritura misma "Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:38-39).

El Libro de los Martires John Foxe

miércoles, 21 de octubre del 2009 a las 01:38
guardado en

Libro de Los Martires JOHN FOXE

Solamente por Gracia

lunes, 19 de octubre del 2009 a las 16:40
guardado en

Solamente Por Gracia CHARLES SPURGEON

Ser un verdadero Discipulo de Jesus

martes, 29 de septiembre del 2009 a las 11:42

Ser discípulo de Jesús es tener un compromiso entre tú y él. Ser discípulo de Jesús es seguirlo. Si tú has recibido a Jesús en tu corazón vas a tener ganas de seguirlo. Él te ha llamado y te va a llevar adelante. Un discípulo también es alguien que es aprendiz o alumno de un maestro, a quien le puedes seguir el ejemplo.

Lo siguiente te ayudará a caminar con él:

Leer la palabra de Dios - es la carta personal de Dios a ti y a mí

Orar - puedes hablar personalmente con él

Tener comunión con otros discípulos


Si estás lleno del Espíritu de Dios y de la palabra de Dios, vencerás contra las tentaciones y ganarás las batallas que vienen en contra de tu alma.


Hay tres grupos de seguidores:
Las Multitudes - esta gente busca la emoción de lo que está sucediendo.

Los Seguidores - siguen los milagros, siempre quieren ver más.

Los Discípulos - verdaderos seguidores de Jesús. Discípulos verdaderos permanecen en su palabra.

Estás en una de esas tres categorías - la multitud, lo cual no te llevará al cielo. Siendo un seguidor, no necesariamente tienes seguro tu sitio allá. Pero siendo un discípulo es lo que te llevará al cielo, porque creerás sus palabras. Él dijo, "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos." Así que un seguidor no necesariamente continua en la palabra del Señor, como tampoco un miembro de la multitud, pero un discípulo es "el disciplinado" que en verdad continua en la palabra del Señor.

La fe y la razón

martes, 29 de septiembre del 2009 a las 11:39


 

Todas las facetas de nuestra personalidad humana deben operar juntas en el amor a Dios.


 
A menudo se ha definido la fe como un salto al vacío, lo que se cree sin evidencias y aún en contra de la razón; pero en lo que respecta al cristianismo nada puede estar más lejos de la realidad que pensar en la fe como un acto ciego de la voluntad.
 
Cuando un intérprete de la ley preguntó al Señor Jesucristo cuál era el mandamiento más importante, éste respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente (Mateo 22:37).
 
Todas las facetas de nuestra personalidad humana deben operar juntas en el amor a Dios: no únicamente nuestra voluntad y nuestras emociones, sino también nuestro intelecto.

Pablo nos dice en Romanos 12:1-2 que el cambio que se opera en el creyente tiene como centro la renovación del entendimiento; la mente juega un papel de suprema importancia en esa obra de transformación.
 
Y el apóstol Pedro escribe en su primera carta: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1Pedro 3:15).
 
La palabra griega que se traduce como “defensa es “apología y señala la acción de defender algo ofreciendo argumentos positivos a favor de una idea y respondiendo los argumentos negativos que se levanten en su contra; mientras que la palabra griega que se traduce como “razón es “logos  que en este caso hace referencia “a la evidencia o argumento que provee justificación racional para una creencia Los cristianos deben estar siempre preparados para presentar esa clase de defensa de su fe.

Así que no podemos amar a Dios, ni ser transformados, ni defender lo que creemos sin el uso santificado de nuestro intelecto, de nuestra capacidad de pensar y razonar. Las Escrituras no se oponen al conocimiento per se, sino más bien a la actitud soberbia y arrogante con la que muchos abordan el conocimiento.
 
La respuesta apropiada contra ese mal no es la ignorancia, sino la humildad. Como dijo Chesterton en cierta ocasión: “Cuando vamos a la iglesia debemos quitarnos el sombrero, no la cabeza
 
La fe fanática e irracional es propia de los paganos, no de los cristianos. Lo que Dios requiere del hombre no es que deje de pensar, sino que piense correctamente (Isaías 55:7-8). La fe cristiana se construye sobre evidencias racionales; nos lleva a confiar en aquello para lo que tenemos evidencias suficientes de que es verdadero.
Sugel Michelen,Pastor

¿Qué significa creer?

martes, 29 de septiembre del 2009 a las 11:36


 

Algunas personas entienden la fe como un sentimiento religioso separado de la verdad objetiva de la revelación bíblica

 

 
La fe juega un papel fundamental en el cristianismo. En el Nuevo Testamento se nos enseña que “sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Y Pablo declara en Efesios 2:8-9 que somos salvos “por gracia, por medio de la fe
 
La fe es el medio instrumental por el que nos apropiamos de todas las bendiciones que Dios ofrece por gracia en el evangelio a través de la Persona y la obra de nuestro Señor Jesucristo.
 
Pero ¿qué significa creer? ¿En verdad creen todas las personas que dicen creer? No, realmente. La Biblia revela la sobria realidad de que muchos llegarán engañados a la presencia de Dios en el día del juicio pensando que eran creyentes sin serlo (ver Mateo 7:21-23; Juan 2:23-25; Santiago 2:19).

Algunas personas entienden la fe como un sentimiento religioso separado de la verdad objetiva de la revelación bíblica; éstos dicen creer, pero su fe no pasa de ser un sentimiento subjetivo del corazón.
 
Otros confunden la fe con credulidad; aceptan como verdadero un conjunto de presuposiciones, pero sin poseer evidencias objetivas y razonables que sustenten lo que creen.
 
También están los que confunden la fe con el optimismo, con una actitud mental positiva ante la vida; para estas personas el objeto de la fe no tiene la menor importancia, lo único que importa es creer; podríamos decir de ellos que tienen fe en la fe y, en última instancia, que tienen fe en sí mismos.
 
Pero la fe verdadera no es un sentimiento subjetivo del corazón, no es una creencia ciega, ni una actitud mental positiva o confianza en nuestras propias posibilidades.

La Biblia define la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1). La fe descansa en una revelación objetiva, habiendo sido persuadidos razonablemente de que esa revelación es confiable.
 
Así que la fe posee tres ingredientes esenciales: conocimiento, asentimiento y confianza. La verdadera fe descansa en lo que Dios ha revelado en las Escrituras teniendo la plena convicción de que lo que allí se revela es en verdad la Palabra de Dios.
 
Pero no basta con conocer y asentir; ahora debemos manifestar una confianza que lleva a la obediencia. No es lo mismo creer en Dios que creerle a Dios.
 
El que confía obedece, el que no obedece no confía. “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor pregunta Jesús en Lucas 6:46 y no hacéis lo que yo digo?“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos(Juan 8:31).

Sugel Michelén  pastor

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